Al volante de la trama

autocines

A pesar de las dificultades que hemos vivido en los últimos meses, lo cierto es que hemos visto, y más todavía en las últimas semanas, iniciativas que reconfortan y dan una idea de la capacidad de reinvención de nuestra sociedad. En concreto, nos vamos a detener en una que afecta al mundo de la cultura, que ha sido uno de los sectores más castigados por la crisis de la COVID-19. Nos referimos al nuevo auge de los autocines, que por sus específicas características parecen haber recuperado la popularidad que tuvieron antaño, y han resurgido con fuerza como alternativa de ocio en tiempos de prevención y precaución. 

Los autocines son espacios al aire libre, que por definición –las películas se ven desde el coche- mantienen las distancias de seguridad, evitan las aglomeraciones de acceso o en las taquillas,  imposibilitan el contacto personal entre clientes que no comparten habitáculo, y garantizan la evacuación ordenada del recinto. Es decir, una propuesta cultural auténtica y genuina, que data de mediados de los años 30, y que parece haber sido diseñada para adaptarse a la nueva normalidad de 2020.

Aunque en sus inicios había que escuchar las películas con las ventanillas bajadas o sentados en el capó delantero del vehículo, ya que el sonido procedía de los altavoces de la pantalla, posteriormente se fueron perfeccionando los sistemas. Primero colgando altavoces individuales en la ventanilla de cada coche, y enchufándolos al sistema de audio del cine. Y después a través de la radiodifusión de AM o FM, que permitía escuchar el film a través del aparato de radio de cada coche. Hoy podemos  incluso conectarnos por bluetooth, y  oír el sonido en estéreo o reproducirlos en sistemas de alta fidelidad si el coche dispone de dichas instalaciones.

Autocines en España

Siete son los autocines que hay en activo en España, donde nunca ha sido una opción de ocio generalizada ni especialmente arraigada en nuestra cultura. Pensemos que en Estados Unidos en sus años de esplendor (década de los 50) llegó a haber más de 4.000 autocines. Pero esto puede estar empezando a cambiar en nuestro país.

El Autocine de Alicante (El Sur)

Es el más grande de Europa con capacidad para 400 vehículos. Y en consecuencia cuenta también con la mayor pantalla al aire libre del continente: 500 metros cuadrados para proyectar las imágenes. El Autocine de Denia (1979), el más antiguo de España, fue el primero en reabrir sus puertas tras el Estado de Alarma a un tercio de su capacidad (100 vehículos de los 300 que puede albergar en condiciones normales). Sin abandonar la costa levantina, cerca de la playa de el Saler, podremos disfrutar de las películas de Autocine Star de Valencia, que inició su actividad solo dos años más tarde que el anterior, en 1981, con capacidad para 350 vehículos en su platea rodada.

El RACE de Madrid

Es uno de los más populares. Tal vez por ser el más nuevo –inaugurado en 2017) y ser aún reciente la campaña promocional de su inauguración. Tiene capacidad para 350 coches, y además ofrece hamacas para quien quiere acudir sin coche –aunque esto desvirtúe algo el prefijo auto cine). Como todos, ofrece servicio de bar y comidas rápidas “muy americanas” que el personal te llevará hasta el coche.

El Autocine de Gijón

Es otro de los clásicos, pues data de 1983, aunque fue remodelado en 1993. Desde entonces ofrece películas todos los días del año menos los festivos.

Autocine Cantabria

Más actual es el Autocine Cantabria de Torrelavega, que funciona desde 2014. Las películas se escuchan a través de FM en la propia radio del coche, pero si queremos ir al bar seguiremos oyéndola por los altavoces de la barra. La pantalla no es problema. Sus 16 metros nos permiten verla desde cualquier lugar del recinto. Eso sí, solo caben 100 coches, así que conviene reservar con tiempo.

El Autocine de Getxo

Y sin abandonar el norte de la península, podemos visitar el Autocine de Getxo, el único en el País Vasco, que se inauguró en 2015 con capacidad para 150 coches.

No obstante, en las últimas semanas hemos visto algunos movimientos que auguran próximas aperturas. Seguro que veremos el nacimiento de algunos más en el trascurso de las próximas semanas.

El auge de los autocines

El primer autocine data de 1933 y se inauguró en la ciudad de Camden (New Jersey). Fue una idea de Richard Hollingshead, que buscaba una solución a los problemas de sobrepeso de su madre. Una gran mujer amante del cine, pero que no cabía en las butacas de las salas. De modo que su hijo se las ingenió para que pudiera ver cómodamente, sentada en el confortable asiento de su amplio coche, la película Wives beware (Fred Niblo, 1932), que se convirtió así en la primera película de la historia proyectada en un autocine. El cual, por cierto, tenía capacidad para 600 coches.

El auge de estos cines para coches al aire libre llegó en los años 50, tras el final de la Segunda Guerra Mundial, y según la memoria demográfica de los Estados Unidos coincidió sospechosamente con los años del “Baby Boom” en los USA. Así que, según parece, buena parte de toda una generación de norteamericanos (cuatro de cada diez, aseguran algunas fuentes) fue concebida en los asientos traseros de un coche y frente al fulgor de las leyendas de Hollywood.

Por aquel entonces había solo en los EE.UU más de 4.000 autocines. En cambio, hoy solo quedan unos 300 en el mundo. La mayoría en  Norte América y en Australia.

Incontables son las películas que se han proyectado en los autocines de todo el mundo. No hay un género predilecto ni unas características concretas que hagan que un título sea más adecuado que otro para exhibirse en un autocine. Al menos no sobre el papel. Pero lo cierto es que hay algunas tendencias que se imponen al resto. Los films nostálgicos y a menudos llamados generacionales: Grease – con emblemática escena de autocine incluida-,  Los Goonies, Los Gremlins, Tiburón, Star Wars, Matrix y tantas más como ellas, a las que habrá que sumar las infantiles, con Disney a la cabeza, que siguen convirtiendo la experiencia en un planazo familiar de fin de semana.

Para hacerse una idea de la popularidad de los autocines en ciertos momentos de la historia moderna del séptimo arte, basta con rastrear por internet, por ejemplo, cuantas canciones hay dedicadas o que hagan referencias a los autocines en sus letras. Comprobaremos que grandes figuras  de la música, desde los Beach boys hasta Nat King Cole, pasando por Eddie Cochran, David Bowie o Brian Adams, y desde luego John Travolta y su inolvidable Sandy, se rindieron a la magia de los autocines, que tal vez regrese ahora para mejorar la oferta colectiva de ocio de nuestra nueva normalidad.