Diferencias entre tarjeta de crédito y débito

El sector financiero puede resultar realmente complicado para la sociedad en general. Tantos nombres específicos, con sus diferentes características y nadie que nos explique, detalladamente, qué es cada cosa y para qué sirve.

A veces, la rutina del día a día nos hace dar por hecho conceptos que asumimos pero que, realmente, no tenemos claro en qué consisten ni cuáles son las diferencias con otro producto que consideramos muy similar.

Es el caso de las diferencias entre las tarjetas de crédito y débito, por ejemplo, que cualquier persona puede utilizar diariamente pero que no todo el mundo sabe diferenciar.

En Cetelem queremos que nuestros clientes estén completamente informados y, sobre todo, de aquellos productos que suelen utilizar con frecuencia. Así que, ¡sigue leyendo y descubre las diferencias entre una tarjeta y otra!

Principales diferencias

  • La principal diferencia entre el débito y el crédito es la forma del saldo.

Es decir, la tarjeta de débito realiza los pagos en función del dinero que el cliente tiene en su cuenta sin poder excederlo en ningún momento. Esto significa que el titular de la tarjeta sólo va a poder utilizar el dinero del que dispone en su cuenta bancaria.

Por el contrario, la tarjeta de crédito es aquella a la que el banco le ha asignado un importe máximo y el cliente podrá utilizarlo, aunque realmente no dispone de él en su cuenta.

Es decir, es una pequeña financiación. El banco acepta una cantidad de dinero máxima, por ejemplo 2.000 euros, como límite de la tarjeta de crédito. El cliente, no tiene físicamente esa cantidad en su cuenta, pero si necesita realizar pagos hasta llegar a esa cantidad, podrá hacerlo sin problemas. Además, no hace falta que utilice toda la cantidad concedida de golpe, sino que podrá ir gastando sólo las cantidades a medida que las vaya necesitando y se irán descontando del total.

Formas de pago

Esta es otra de las principales diferencias entre las tarjetas de crédito y de débito.

Con la de débito, el cliente hace su pago, que inmediatamente es descontado del importe total que tiene en su cuenta. Esto no genera ningún gasto ni comisión.

Con la tarjeta de crédito, el pago que ha realizado se descuenta del total. Es decir, si el cliente tiene un máximo de 2.000 euros y hace una compra por valor de 500, se restarán dejando disponibles sólo 1.500. A final de mes, el cliente deberá devolver ese dinero que ha utilizado tal y como lo haya pactado con la entidad.

Existen varias maneras diferentes de hacerlo:

    • A final de mes devolver la cantidad total de la que se haya dispuesto.
    • Pagar una cuota fija, ya pactada con anterioridad. Por ejemplo, cada mes abonar un importe fijo de 100 euros, sin importar cuál es el límite que quede disponible. Evidentemente, si se han de devolver 50 euros, la cuota no será de 100, pero si se ha utilizado el importe total o bien sólo los 500 euros, podrá ser la misma cuota fija. Este sistema es conocido como el crédito revolving.
    • Por último, el cliente podrá devolver el dinero utilizado en base a un porcentaje establecido, lo que hará que la cuota suba o baje según el importe que reste por abonar.

Comisiones

Por último, es imprescindible hablar de las diferencias entre tarjetas de débito y crédito en cuanto a comisiones.

Cada entidad financiera tiene establecidas unas comisiones anuales a cobrar para una y otras, aunque en todos los bancos resulta menos elevada la cuota de la tarjeta de débito.

Otras de las comisiones que las diferencian es por el pago. La tarjeta de débito se descuenta directamente de la cuenta del cliente, lo que no genera un pago posterior ni una deuda con la entidad. Por lo tanto, no está sujeta a ninguna otra comisión.

La tarjeta de crédito, en cambio, se paga en base a una de las tres formas que hemos descrito en el apartado anterior, lo que supone que se deben sumar unos intereses por haber dispuesto del dinero. Cada banco establece las suyas, siempre en base a las recomendaciones dadas por el banco de España.